
**Aun sin titulo
Avances…Relato corto
1
Se miraba detenidamente en el espejo; terminaba de bañarse y descubrió en sus ojos un destello de esperanza, la desilusión se había vuelto dueña de su vida, presa de las desilusiones amorosas. Era joven, sus ojos aun tenían un motivo de ilusión, sus manos aun eran suaves, sin embargo en ellas se alojaba un pequeño borde al sur, en la muñeca; tenia manos pequeñas y delicadas, aparente señal de creatividad; pasaba las tardes contemplando la soledad de su alma a través del espejo, mientras la oscuridad de la noche se hacía presente en la habitación.
Era muy tarde ya, aun se encontraba al frente del monitor, trabajando, en la búsqueda incesante de los colores perfectos para aquel cartel del congreso, que algún tiempo después la desesperanzaría y le haría sentir inútil.
La actitud siempre fue perfecta, siempre recta, con modales impecables, de mirada fija, de mente abierta, de corazón atento, siempre buscando razones y verdades.
Buscando en el mundo aquello que aun no encontraba en ella, y que quizás nunca encontraría.
En su vida había habido muchas mujeres, unas peores que otras; unas guapas, unas más inteligentes, algunas creativas, otras impacientes; alguna que rayaba en la casi perfección, pero en su vida nunca había encontrado una mujer como Sofía, la había visto alguna vez mientras ella caminaba por la calle presa de la impaciencia del tiempo y la rutina, cuando ella la miraba, sentía como si en Sofía se encontrara el eterno secreto de la felicidad; la mujer nunca paraba siempre estaba fuera de casa, no se veía muy estable en su vida personal. En algunas temporadas se encontraba sola, más sola que nadie.
Algunas noches se paraba en el balcón a esperar a un extraño visitante, un hombre que entraba en su casa como sí siempre hubiese vivido ahí, y que por las madrugadas abandonaba su cuarto, dejándola de nuevo en la terrible soledad que tanto la aquejaba.
Karennin observaba celosamente el balcón de Sofía, miraba cada movimiento que ella hacía, vigilaba sus cortinas casi transparentes que le permitían observar lo que ocurría adentro.
Al término de cada encuentro ocasional un impulso invadía a Karennin, miraba más atentamente su ventana. Con la mente traspasaba su cristal, sentía como si caminara hasta su cama, imaginaba que suavemente levantaba la sabana, delicadamente besaría su nuca, recorrería su piel, acariciaría su cuerpo hasta que ella abriera los ojos, para que por fin ambas sucumbieran ante las mieles perdidas del edén, besarían sus labios, desnudarían sus cuerpos, rozarían el fin del universo y finalmente Sofía se quedaría con Karennin.
Karennin continuaba mirando la ventana cerrando los ojos, acariciando su ser, paciente pero decidida, no alejaba la mirada de ahí, de su fuente de deseo, su motivo de vivir.
A través de las cortinas casi transparentes aparecieron los grandes ojos de Sofía, había detectado la mirada o quizás las sensaciones de Karennin, la miro detenidamente, Karennin se paralizo ante la mirada fría y directa que Sofía dirigía. No se movió, solo pensó en volver a hacerle el amor. Sofía cerro la cortina como si rechazara la invitación, se postro en la cama e intento dormir.
2
¡Cielos mis zapatos! Camine hasta la zapatería más cercana, Don Diego el dueño, un hombre de melena larga, manos largas y una exquisita calidez; había prometido que tendría mis zapatos para el lunes, pues yo tendría una cita muy importante con un hombre que quizás más adelante sería uno más de mis acompañantes. ¡Diablos, es tardísimo! Baje corriendo la escalera y al cruzar la avenida, la mire, era ella, la mujer que sorprendí vigilando mi ventana, fingí no verla, camine paralelo de ella. Jamás había sentido tanta energía imantada sobre mí, me hice a un lado y fingí no sentir nada; retrocedí unos metros pues había escapado de mi bolso una moneda, me agache para recogerla, ella se inclino también -Se le ha caído esto- Muchas gracias, le dije y me fui. Ella continúo también su camino.
3
La noche llego y harta del trabajo regrese a casa, salí al balcón a fumar un cigarro, me detuve a pensar en el suceso de la mañana, aun sentía en mi todo el poder de la energía que esa mujer había imantado sobre mí, me sentía sucia. Decidí ducharme, quizás así podría borrar aquel indeseable rastro.
Al salir, el espejo se había empañado, busque un trapo y lo limpie, entonces me mire, esta vez no era yo, ese reflejo no era mío.
4
Ya en mi cama, desnude mi cuerpo, apáguela luz tenia la firme idea de repetir el suceso que tanto me lleno esa tarde de invierno donde lave mi alma por primera vez, desnuda ante la inmensa oscuridad permití que mi ser expresara la verdadera suciedad que cargaba, lave de mi las partes más recónditas de mi ser, lave también aquellas que la gente mira y degusta sin producir placer, aquellas que piden a gritos ser limpiadas con exhaustivo poder…